sábado, 30 de enero de 2010

Detrás del objetivo. Fuera de contexto.

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Hoy en las noticias de todos los canales he presenciado lo que se podría considerar un linchamiento público. Facebook, demostrando otra vez la facilidad que ofrece por vulnerar nuestra privacidad, y un fotógrafo no demasiado listo han sido los detonantes. Sin embargo, los verdugos han sido un gremio periodístico siempre dispuesto a hacer leña del árbol caído o por caer.

Evidentemente, hablo de las polémicas fotografías donde aparecen unos médicos VOLUNTARIOS (permitidme poner especial énfasis en esta palabra) de Puerto Rico en situaciones aparentemente comprometidas. Situaciones como podrían ser el hecho de salir de fiesta, copa en mano y puro en la boca, u otras imágenes más escabrosas, como serían las del cirujano sonriendo, sierra en mano, antes de realizar un amputación, u otro de los médicos poniendo cara de “que se le va a hacer” al lado de unos ataúdes.

Como os imagináis, imágenes impactantes y muy apetecibles que dan pie para levantar polémica. Y, obviamente, la han levantado. Por lo que, sin que nadie se molestase en preguntar a los protagonistas de tan desafortunadas instantáneas sobre su versión de los hechos, primero la prensa digital, luego los noticiarios y finalmente la masa social que navega activamente por la red, ya ha dictaminado un veredicto: CULPABLES.

Viendo el panorama, permitidme pues, desempeñar el papel de abogado del diablo. I es que quizá sea un romántico, pero aún sigo siendo de esas personas que creen en eso de que alguien es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Y, francamente, me repatean bastante estos juicios morales tomados con suma ligereza acomodados desde el sofá de nuestras casas. Lejos de esa desgracia y, por suerte, completamente ajenos a lo que significa vivir una situación similar, tanto desde la perspectiva de una de las víctimas como desde la labor que desempeña un VOLUNTARIO.

Además, que queréis que os diga, a mí me resulta muy difícil comprender las presuntas actitudes y adjetivos con los que se identifica a esos profesionales que han acudido en ayuda de un pueblo desolado y devastado, quien sabe si desinteresadamente. Especialmente cuando ir a prestar ayuda en Haití en la situación actual también implica poner en peligro tu propia integridad física y seguridad. Sinceramente, no me entra en la cabeza ni me resulta coherente la decisión de acudir a Haití con las gravísimas acusaciones a las que ahora son sometidos estos médicos por culpa de unas imágenes que, ciertamente, descontextualizadas, dan pie a ello.

Precisamente por esto, debería sorprenderme la reacción y el papel que ha desempeñado la prensa (a pesar de que lo cierto es que no lo hace). Ellos deberían haber sido los que hubiesen tratado de exponer una realidad objetiva. Intentar comprender las fotografías, la situación de sus protagonistas, su trabajo y las condiciones de trabajo a las que han estado sometidos las últimas semanas y, antes de emitir una opinión, haber hablado con los protagonistas.

Porqué... ¿es justo que desde la comodidad de nuestro hogar menospreciemos unos profesionales que han arriesgado mucho más que cualquiera de nosotros por ayudar a pueblo de Haití por el simple hecho de que aparezcan de fiesta, relajados, en alguno de sus ratos de ocio? ¿Realmente estamos en disposición de exigirles que además de trabajar las ocho, diez, doce, o quince horas diarias que debe componer su jornada laboral, en su tiempo de descanso deban seguir lamentando la enorme tragedia que les rodea? ¿Sería buena esta actitud para su salud mental? ¿Hemos dejado nosotros de salir de fiesta después de los terremotos? ¿No tienen incluso más derecho ellos que nosotros ha disfrutar de un merecido descanso después de lo que seguro es una dura jornada?

Esto por lo que respeta a las fotos donde aparecen de fiesta. Respeto a esas fotos más escabrosas. ¿Alguno de nosotros conoce el contexto exacto en que fueron tomadas? ¿Alguno de nosotros sabe como reaccionaría antes de una amputación después de haber realizado quizá cientos a lo largo de su carrera profesional? ¿Realmente sabéis como reaccionaríais ante la muerte después de haber pasado diez días conviviendo con ella de cerca? ¿Alguien de los que levanta la voz con tanta fuerza se ha planteado que quizá después de esos días especialmente intensos, además de toda una carrera conviviendo con situaciones similares, lo que a nosotros nos parece un hecho extraordinario para ellos sea algo cotidiano que tratan de minimizar? Finalmente, ¿alguna de las voces más críticas se ha planteado que, por regla general, en el ambiente previo a una intervención quirúrgica se trata de favorecer un ambiente relajado para que el cirujano trabaje con mayor soltura y confianza? Realmente a alguien le transmitiría mayor seguridad un cirujano serio y agarrotado por la desgracia?

Y antes de terminar, no quiero olvidarme de plantear lo siguiente: ¿Alguien ha considerado la más que remota posibilidad de que el fotógrafo capturase esas imágenes de improvisto, de un modo absolutamente casual y capturando reacciones sinceras de aquellos que se creían en un entorno de confianza y privacidad garantizada? Y es que... ¿lo grave son las fotos, o que estas hayan salido a la luz? Porque además, estoy convencido que todos nosotros somos personas de una moralidad intachable, que nos comportamos de un modo absolutamente impoluto cuando nos encontramos cobijados en un entorno que consideramos seguro, privado y de confianza.

Sí, quien sabe, la posibilidad de que sean unos desgraciados y unos malnacidos sigue ahí, pero os puedo bien asegurar que no seré yo el que tire la primera piedra. De hecho, si tuviese que tirársela a alguien no sería a ninguno de los profesionales que aparecen en la fotografía, sino a la mente privilegiada que, escondido detrás de la cámara, ha dinamitado las carreras de sus ¿compañeros?
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1 comentario:

  1. Ah, pero es que hay que ser tan remilgadamente correcto. Pensamiento único del duro. Vaya futuro nos aguarda...

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